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EL PUEBLO

Letras Muertas en la Penumbra

Sin título-1Reporte I

Después de tantos intentos por tratar de dar una pequeña descripción del pueblo por fin lo he logrado, sin que algo raro suceda.  Resulta que llevo más de un año tratando de relatar lo que  ha sucedido y lo que sucede, creo que por fin lo he alcanzado mi cometido. Nadie lo ha hecho que yo sepa, y si lo trataron ya deben de estar muertos. Antes de escribir estas primeras líneas ya he escrito las de abajo, es una suerte que me este dando tiempo de hacerlo, subiré esta narración a la red antes de que suceda  algo extraño como siempre ha sido por más de un año… si tengo la oportunidad de subir la narración completa lo hare con gusto pero por el momento me despido, espero tener contacto con el mundo mas allá de este maldito  pueblo.

El pueblo desde su construcción ha estado maldito…

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EL PUEBLO

 

Sin título-1Reporte I

Después de tantos intentos por tratar de dar una pequeña descripción del pueblo por fin lo he logrado, sin que algo raro suceda.  Resulta que llevo más de un año tratando de relatar lo que  ha sucedido y lo que sucede, creo que por fin lo he alcanzado mi cometido. Nadie lo ha hecho que yo sepa, y si lo trataron ya deben de estar muertos. Antes de escribir estas primeras líneas ya he escrito las de abajo, es una suerte que me este dando tiempo de hacerlo, subiré esta narración a la red antes de que suceda  algo extraño como siempre ha sido por más de un año… si tengo la oportunidad de subir la narración completa lo hare con gusto pero por el momento me despido, espero tener contacto con el mundo mas allá de este maldito  pueblo.

El pueblo desde su construcción ha estado maldito, nadie sabe con exactitud en qué año, ni quién o quienes lo construyeron. Los ancianos creen que se fundó desde tiempos arcaicos y que ha prevalecido a través de los tiempos por un enigma misterioso, muchos vacilan y otros afirman que el pueblo fue construido por personas desquiciadas que buscaban un lugar desde donde cometer crímenes atroces y que poco a poco se fue llenando de criminales, pero esa versión cada vez está más descartada.

Otros comentan que fueron los mismísimos demonios que subieron a la tierra para construir un pueblo al servicio de su amo. Y los chiflados -como los llamamos en el pueblo- son aquellos que creen que el pueblo lo construyeron seres del espacio, para tener una base dónde puedan dirigir los ataques cuando la gran invasión ocurra por ello está protegido por una energía misteriosa y que solo los habitantes de este pueblo sobrevivirán a la inevitable destrucción. En lo personal dudo que una de estas teorías sea cierta, creo que solo son leyendas que la gente inventa.

¿Cómo y quienes construyeron el pueblo? Es lo de menos en esta narración, lo cierto es que el pueblo está olvidado por el resto del mundo, o por lo menos eso pareciera.

 Un dato curioso acerca del pueblo es que nadie que haya salido con intensiones de vivir fuera lo ha logrado, los pocos que se atreven a aventurarse hacia el mundo exterior, son perseguidos por los recuerdos del pueblo, los llama, hace que lo extrañen, y los que se resisten a volver, mueren de forma aparentemente accidental.

He tenido la oportunidad de hablar con amigos que se van con la intensión de no regresar, pero comentan que luego de unos días sienten la necesidad de volver una extraña  fuerza los atrae, el pueblo se les aparece en los sueños.  Caso contrario sucede con  los extraños que ingresan en el pueblo con tales intenciones, varios han intentado quedarse a vivir para siempre, pero el pueblo los a expulsado por medio de accidentes, por ejemplo: se queman sus casas, las tierras donde residen se tornan  infértiles, sus cultivos mueren y el agua escasea, desesperándolos y obligándolos a irse, los testarudos que lo desafían mueren. Es como si el pueblo supiera las intenciones de cada individuo que vive dentro de su  territorio.

Aunque el pueblo no acepta extraños permanentes, llegan comerciantes para vender sus productos llegando así las migajas del mundo exterior  -como la gente local dice-, tenemos tecnologías y aparatos modernos, pero estamos seguros que en el exterior hay un mundo totalmente diferente en cuanto a ese tema.

Aunque por cosas extrañas somos un pueblo primitivo ante el mundo exterior, o quizá nos ven con ojos  de extrañeza. Por  tanto misterio el pueblo se ha portado muy bien con su gente, nos provee de lluvia cuando la necesitamos, tenemos aire puro y la contaminación no es un problema, las estaciones del año se perciben claramente sin sufrir alteraciones, nos provee de tierra fértil. En otras palabras no necesitamos del exterior para sobrevivir.

Para nadie en el pueblo es un secreto que acá suceden cosas extrañas, cosas antinaturales para las mentes científicas que niegan todo cuando no encuentran una explicación y si la encuentran dicen que son cosas que suceden en base a la locura.

Por el momento les digo que sí  este pueblo olvidado llamado  NORTT BLACKWOOD me lo permite, volveré para seguir  informando y dando fé de algunos extraños sucesos que han acaecido durante mi corta estadía,  porque  ya que los que he mencionado no son suficientes para que usted lector comprenda lo que sucede en este olvidado pueblo.

 Reporte II

Han pasado 7 días desde que subí la primera narración acerca   de NORTT BLACKWOOD, durante estos días he intentado 4 veces sin tener éxito exponer lo que a continuación usted leerá. Espero que  el misterio… no me descubra y mande a sus Errantes que divaguen dentro de mi cabeza tratando de convertirme  en un loco fuera de sí.

Lo digo porque es una de las formas de actuar de los Errantes. He sabido de personas que han muerto desquiciadas fuera de su total razón.

Las 4 veces anteriores -como ya comenté-, he fracasado; trataré de no hacer ninguna descripción acerca de cómo el misterio interfería en mi descripción y haciéndola desaparecer, llegará el momento en que relate lo sucedido; por motivos de fuerza mayor lo dejaré pendiente.

Continuando con la narración subrepticia a cerca del pueblo diré que todos los seres vivos de este pueblo estamos bajo el encantamiento de algo sumamente poderoso, muchos nos hacemos la interrogante si es bueno o es malo, si es Dios o el mismo Lucifer que gobierna este pueblo; otros creen que son fuerzas extraterrestres, pero sea lo que sea de algo estamos seguros, vivimos lo que él desea, y morimos  cuando a él se le antoja.

Ésta fuerza regula la natalidad y la mortandad dentro de este pueblo, hay ciclos que pueden durar años para que un nuevo ser nazca; mi generación estuvo marcada por un ciclo de 5 años, durante ese tiempo ningún niño vio la luz de la vida. Luego de ese lapso una ola de partos sobrevino sobre el pueblo, las salas del dispensario no bastaban; nadie sabía la razón. ¡Todo es tan distinto al exterior! La mortandad en el pueblo es igual de extraña, algunas personas sanas mueren de forma repentina, jóvenes que alegran con su bullicio el pueblo sufren muertes prematuras. Pareciera que sus destinos son controlados por fuerzas invisibles.

Los que habitamos este pueblo somos conscientes que nada nos asegura la existencia, los que aún estamos con vida agradecemos y lamentamos sin reproches la partida de buenas personas, incluso familiares. En este pueblo nadie tiene el control de nada. Ni cazadores furtivos se ven por el lugar, eso a pesar de la fauna tan diversa que existe en los alrededores.

Tengo una sensación muy extraña en estos momentos, siento un escalofrió por todo el cuerpo, presiento  que alguien me observa a través de la ventana de mi habitación.

En estos momentos estamos en invierno,  afuera hace frío, un ¡terrible frío!, el viento sopla fuerte agitando las copas de los árboles. Escucho como si una mano rozara el vidrio de la ventana, aún lo escucho; siendo sincero estoy asustado, trato de escribir estas líneas esperando distraerme, ¡no quiero voltear! ¡no tengo el valor! Quizás sea una invención de mi mente, ¿pero si no lo es? Tal vez haya un Errante tras de mí,  observando, queriendo entrar.

¡Maldición, están tocando la ventana!

Estoy inmóvil, no puedo mover mis piernas, me siento aterrado y solo observo el monitor. ¡Creo que el misterio ya descubrió mis intenciones! pero aún no se quiere deshacer de mí… talves sea una advertencia, solo enviaron a un mensajero. ¡Pero no importa lo que pase, continuaré!

Les contaré  un caso que sucedió no hace mucho con un habitante de este pueblo. Se trata de una señora que recién había perdido a su esposo, él le había prometido que abandonarían el pueblo e irían a morir al exterior, ya que este pueblo maldito había estado en sus vidas durante toda su vida. Esa idea de abandonar el pueblo les duró poco, el esposo de la señora falleció a la semana siguiente, sus restos estaban destinados a quedarse en este sitio para siempre.

Estando en el cementerio, durante el funeral de su esposo, la señora comentó que se le presentó un ser amorfo, era un Errante… esos seres que rondan en la mente y en los resquicios de este pueblo. Ella todavía no sabe si fue un sueño o fue algo real, no sabiendo si existió contacto físico con él.

Ella recuerda haber visto a un sujeto vestido completamente de negro y con sombrero, que la observaba apostado detrás de una tumba,  saludándola y sonriendo maliciosamente; levantándose  de su silla lo comentó con sus parientes, sin embargo estos alegaron no haber visto nada. La señora confundida con el suceso volvió a observar hacia el mismo lugar, esta vez el sujeto levantó ambos brazos, dejando entrever que llevaba con él una serpiente que ondeaba de un lado a otro, exponiendo su bífida lengua estando dispuesta a atacar. El ser sonrió nuevamente, es lo último que recuerda de aquella noche.

En los días venideros comentó que desde la primera aparición el Errante, había iniciado un ciclo de visitas diarias justamente a la hora que su esposo falleció 11:20 de la noche; a su relato agregaba que el visitante llegaba y con grandes uñas arañaba el ventanal de su habitación, emitiendo un sonido tan agudo  que hacia estremecer los nervios de su cuerpo; luego entraba por la ventana y deambulaba por toda la  habitación observándola fijamente; lo hacía por algunos minutos, hasta que por fin desaparecía. Conforme pasaban las semanas la  anciana lucía un aspecto cada vez más longevo, parecía como si cada día era un año más a su atribulada vida. Su rostro  demacrado denotaba una debilidad física y espiritual, su apariencia era cadavérica.  Se le veía llorar de pie frente a la ventana de su habitación, su mirada perdida en el horizonte parecía buscar algo que nunca regresaría a su lado. Una mañana de invierno, vecinos que pasaban por el lugar, vieron el cuerpo inerte de la anciana tirada en la acera, aparentemente cayó desde la ventana de su habitación en el segundo piso, las autoridades correspondientes atribuyeron el hecho a un aparente suicidio.

La desdichada anciana encontró en ese trágico suceso un camino que liberó su alma de angustias y tormentos. Es muy probable que el misterio también se haya apoderado del alma de la anciana.

-Es un poco más de medianoche, la sensación extraña de ser observado; se ha marchado, sin embargo después de lo vivido hace unos instantes, me hace reflexionar en el tiempo que me queda para terminar este relato; pensar si es prudente publicarlo… no sé si podré crear una conexión entre el misterio y las personas que lo lean, no quiero exponer a más personas a esta maldición.

Así que ¡por favor! en la noche ponga mucha atención a lo que se escucha y comprueben si está dentro de la realidad que lo rodea, observen a través de espejos y ventanas, ya que existe la posibilidad de que algo o alguien los observa, si eso sucede, por ningún motivo lean el siguiente reporte, porque puede ser que les cueste la vida.

Vean y piensen juiciosamente lo que pasa en  su entorno, no dejen que la sugestión invada sus mentes, solo de esa forma no abrirán las puertas de su inconsciente y no permitirán que los Errantes entren.

Por el momento me despido, prometo hacer todo lo posible por subir mas detalles del pueblo maldito llamado NORTT BLACKWOOD así sea lo ultimo que haga, ¡no le temo a la muerte! puesto que vivir en este pueblo es como estar muerto.

Reporte III

Siempre creí y estaba orgulloso de tener una mente fuerte y casi perfecta ¡lúcida!, que no se dejaba trastornar por nada de lo que sucedía en este pueblo, sin embargo, después de mi último reporte y de la primera visita del Errante mi mente tuvo un cambio radical, traté de desistir, pensé seriamente en abandonar mis reportes. Sé que este será el último, ¡qué más da! Para ser sincero la muerte me vendría bien, es preferible dejar de existir en este mundo físico a permitir que el misterioso juegue de manera horripilante con mi mente.

La noche siguiente de la primera aparición,  ese maldito ser a estado acechándome por todas partes y a todas horas, estoy seguro que no tardará en aparecer… cuando lo hace mi espíritu siente desfallecer, mi cuerpo se inmoviliza y mis pensamientos se congelan.

Cierro los ojos sintiendo como su vaho frío acaricia mi rostro, no posee materia, es un ser descarnado. Es real y parece que se divierte aterrorizando almas, sabe que el miedo es el arma para atormentar y despojar vidas.

Alcanzo a ver que ingresa siempre por la ventana de mi habitación y desaparece por la pantalla del computador, es obvio que de alguna manera utiliza la energía para hacerse sentir.

Escucho como sus largas uñas hacen rechinar los espejos que adornan las paredes de mi aposento, puedo sentir como su presencia se acerca cada vez más a mí, sin embargo no tengo el valor para verlo a los ojos, sé que me observa, y busca que yo lo vea, pero hacerlo sería mi sentencia de muerte.

Mientras recorre de lado a lado este lugar y no sin lograr su objetivo, desaparece. Sé que regresará, no sé en qué momento lo hará ni tampoco sé con qué intenciones, a pesar de ello yo seguiré con lo prometido.

-En estos momentos no me siento nada bien, la cabeza me da vueltas, solo quisiera dormir un poco. En estos instantes veo a través de mi ventana que las copas de los árboles se mecen de forma violenta, parece que algo está por suceder.

¡No puede ser! el maldito ya está aquí, empezando a  rasguñar  el ventanal nuevamente, es tedioso y desesperante escuchar ese ruido, siento que mis tímpanos explotan. Aunque esta vez creo que no ha venido a advertirme y mucho menos de visita, hay una sensación muy pesada en el ambiente, y no falta mucho para que entre en la habitación.

Espero que ustedes fieles lectores hayan tomado mis advertencias, observen y escuchen atentamente lo que pasa a su alrededor, que su mente no esté sugestionada porque de lo contrario se establecerá una conexión entre ustedes y el misterio; los Errantes buscan mentes frágiles en el exterior  para poder dominar y controlar; si ustedes no creen en esto haga caso omiso, etiquéteme de  loco y mentiroso, pero por favor no dejen lugar a dudas, no se embarquen en una situación que no tiene explicación.

Todo lo contrario a los inicios de estos relatos pareciera que el Errante está dispuesto a permitir que envié este último reporte, aún no ha venido por mí. Siento una pesada angustia que me aterra por dentro, siento que mis sentidos se desvanecen. Ya no logro distinguir con claridad lo que escribo.

Al igual que la anciana del relato anterior siento la necesidad de liberarme, ya no quiero habitar este cuerpo bajo estas condiciones; él ya está aquí, ya entró y viene por mí. Sé que prometí dar más detalles pero creo que ya no será posible, pido disculpas por eso, no era mi intención fallar en dicho cometido… pero las circunstancias me obligan, por último subo esto a la red y me despido.

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LA CABAÑA

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Autor: Edwin Duarte

Luis regresa a  casa montado en su caballo  luego de un arduo día de trabajo, son las 5:00 p.m. el sol comienza  a ocultarse, el camino se ve desolado como siempre, el cantar de los insectos es su única compañía. Repentinamente el caballo detiene su marcha, Luis se baja, ve un enorme árbol caído sobre el camino, intenta moverlo sin resultado, se sube al caballo, maniobra y esquiva el enorme obstáculo y prosigue. Mas adelante nuevamente encuentra  un enorme obstáculo, esta vez no hace por bajarse, maniobra y esquiva y sigue adelante. Minutos después escucha un estruendo delante de su camino, cuando se acerca otro enorme árbol caído se interpone. Luis cuestiona y se pregunta; ¿que sucede? Siente que los nervios están por traicionarlo, su sentido de supervivencia le indica que alguien quiere interrumpir su paso, pero ¿Quién es? ¿Que quiere? Se pregunta.

Luis vuelve a maniobrar y esquiva nuevamente, pero esta vez toma  una vereda, ya no sigue el camino, por si la persona que esta jugando con el,  sigue su cometido no lo logre. Llega a un punto donde la vereda se divide en dos, por lo inmensamente parecido del terreno  y la oscuridad que ya ha caído, no sabe si seguir recto o cruzar, su instinto le dice que cruce. Al momento de cruzar, una vos le susurra al oído, ¡Luis! El se caracteriza por ser un hombre valiente y no se inmuta. Mas adelante nuevamente la vereda se divide en dos, ¿Qué esta pasando? Este camino ya no se debería de dividir en dos. Piensa.  Al  momento que decide seguir recto, alguien desliza los dedos por su cuello, no es nada, solo una rama. Piensa.

El camino lo lleva hasta una cabaña, el nunca la había visto, sabe que se a equivocado de camino, pero la pregunta es ¿Por qué hay una cabaña en medio del bosque? prácticamente en la soledad, no debería de estar allí. Con mas interrogantes que respuestas, Luis se acerca, ¿hay alguien allí? Pregunta.

–Hola hijo pasa. –contesta la voz de un anciano.

–Mi nombre es Luis. – contesta.

–Soy Octavio, bienvenido.

–Nunca lo he visto por estos lugares.

–No soy de aquí, vengo de un lugar donde todo lo que pensamos puede ser posible. –contesta el anciano.

–No entiendo.

–Déjalo así hombre, es mejor, por el momento.

–No entiendo como he llegado aquí, no recuerdo haber visto esta casa nunca antes ¿hace tiempo que vive aquí?

–Siempre he vivido aquí, ¿quieres un trago?

–No gracias estoy cansado y tengo que volver a casa.

–No te preocupes, relájate, toma….

–Después de varios tragos…. Luis siente los efectos de la mezcla entre el cansancio y el alcohol.

–No te preocupes ¡cálmate! Te contare una historia, escucha… Hace muchos años, creo que tú no habías nacido,  había una pareja de ancianos muy feliz, llevaban juntos varias décadas, habían procreado a una hermosa hija, ellos la adoraban, debido a la edad de los ancianos, ella iba al pueblo a comprar todo lo necesario, hasta que un día, ella no volvió, pasaron los días, meses, hasta un año, la pareja perdió la voluntad, pensaron que ella había muerto, en su angustia y dolor, decidieron suicidarse, se colgaron de las vigas de su casa.

– ¿Por que me cuenta esto? No necesito saberlo. – replico el joven.

–Tienes razón hijo, duerme, estas cansado…. –Luis cierra los ojos y se duerme.

Por la mañana siguiente Luis escucha una voz  que le dice; ¡levántate! ¡Levántate Luis!

Luis abre los ojos, ¿Qué sucede pregunta?

–Estamos preocupados por ti, te buscamos toda la noche y mira hasta donde te he venido a encontrar ¡estas loco! Para venir a dormir hasta este lugar en medio de la nada.

–Nunca había visto esta cabaña…. ¿conoces al señor que vive aquí?

– ¿Qué señor? ¿Qué cabaña?

Luis ve a su alrededor, ¡no hay absolutamente nada! No puede ser se dice a si mismo, yo he estado aquí en una cabaña, y he hablado con un señor.

–Te quedaste dormido y tal vez soñaste.

–No, no he soñado.

–Mira hace mucho tiempo hubo una cabaña por allá, ¿ves los restos? Esa cabaña hace mucho pero mucho tiempo que no existe más.

– ¿Qué sucedió con ella?

–Allí vivió una pareja de ancianos, pero lamentablemente ¡se suicidaron! Al quedar sola y sin que nadie le diera mantenimiento, se fue deteriorando, hasta que los saqueadores se llevaron la madera por completo, hasta no quedar nada.

Luis se agarra la cabeza sabe que lo de anoche no fue un sueño.

Camino a casa Luis le pregunta a su tío ¿Cómo han quitado los inmensos arboles que estaban derribados en el camino? El tío le contesta que no ha habido necesidad de quitar nada, porque no había nada.

– ¿sabes porque se suicidaron los ancianos? –pregunto Luis.

–Si, una hija desagradecida se enamoro y se fugo con un hombre muy lejos, ellos la dieron por muerta al no tener noticias de ella por mucho tiempo, destrozados por tal afirmación no aguantaron el dolor y la angustia y se suicidaron. Tiempo después de la muerte de sus padres,  la hija regreso embarazada, pero sin marido ya que el,  le fue infiel y decidió regresar. Cuando llego se entero de la trágica noticia, el parto se adelanto un mes, tuvo complicaciones serias, ella murió, naciste tu y nosotros te criamos.

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EL ANCIANO Y LA FLOR

Autor:  Edwin Duarte

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Soy un iniciado del Instituto de Ciencias Ocultas, he tenido que pasar muchas pruebas para que me acepten en tan prestigiosa institución, esta investigación es la última que haré para ser miembro oficial.

Me han enviado a un lugar lejano y desconocido que se encuentra  sumergido en la inmensidad de los bosques  de la región del norte, llamado; CRYPTIC FOREST.

Mi misión es obtener el secreto de la flor del sufrimiento, autóctona del lugar, progresa solo en la época del frio invierno.

Cuando llegue lo primero que hice fue buscar un guía para que me adentrara al bosque y  me llevara a una de las aldeas para que me pudieran dar detalles acerca de la flor. Personalmente no la conozco, solo la he visto en ilustraciones de  libros de botánica. Los mismos  le adjudican elementos medicinales, los cuales son aprovechados por los aldeanos para hacer diferentes curas. Pero yo no vengo a buscar eso, yo busco la esencia máxima, el verdadero poder de la flor. El poder  del sufrimiento y la muerte.

Según datos que he recopilado por exploradores y aventureros que pasan por la región, los únicos capaces de dominar el poder de la flor son las personas más longevas de las aldeas, por eso he pedido a mi guía que me lleve hasta la aldea que tiene mas personas de avanzada edad.

En el camino he visto varias flores entre el musgo y los arboles, similares a la flor del sufrimiento, pero no estoy seguro de que sean las que ando buscando, por eso antes de sacar conclusiones deseo hablar con un experto ya que mi guía tampoco tiene idea de cual sea la flor correcta.

He llegado a una de las aldeas, al llegar veo a muchos niños descalzos corretear de un lado a otro, parece que las piedras del suelo no les molesta  en los mas minino, ya que corren de lo mas feliz sin expresión de incomodidad. Me dirigí a una de las casas y afortunadamente un anciano me recibió, le comente mi propósito y gustosamente acepto ayudarme, pero al día siguiente, ya que era demasiado tarde para hacerlo ese día, nos ofreció posada al guía y a mi y aceptamos gustosamente ya que hacia demasiado frio para acampar en medio del bosque.

Dentro de la casa el anciano me dijo que el lugar donde estábamos, se encuentra  ubicado entre el Pueblo Maldito y el gran Bosque Negro.  No es parte de ninguno pero que se encuentra en medio.

En el instituto vi una vez unos archivos sobre esos lugares y se  a que lugares se refiere, Nortt Blackwood y el gran bosque enigmático que enloquece a las personas.  Nunca pensé que estuviera tan cerca de estos dos sitios que han puesto en jaque a otros investigadores del instituto.

Al día siguiente madrugamos  y el anciano le dijo al guía que ya no era necesario que me acompañara, pero el guía  llevado por su curiosidad insistió en acompañarnos, entonces el anciano nos dijo que íbamos por cuenta y riesgo propio lo cual aceptamos.

Mas tarde llegamos a los linderos de un lugar sumamente aterrorizante, pero como iniciado de las ciencias ocultas no debo temer de absolutamente nada. Mi guía se retracto de seguir con nosotros y dijo que esperaría y que por nada del mundo iba a entrar al sitio espeluznante que habíamos llegado.

Era el cementerio de las comunidades aledañas, un lugar siniestro para una simple vista, pero yo se que los lugares como ese son los que concentran mas energía misteriosa y enigmas acerca de lo que las personas normales no conocen.

El anciano y yo entramos, claramente sentí como el frio se intensifico cuando ya estaba dentro, el camino por el que íbamos estaba en medio de tumbas, había gran cantidad de arboles sombríos y sin hojas típicos del invierno. En cada tumba había un árbol, por un momento me detuve y leí un epitafio que decía; “a mi verdugo, mi opresor,  le heredo todas mis angustias, que el hechizo de la flor del sufrimiento se revierta sobre el y toda su familia por tres generaciones” el anciano me observo y me pregunto que pensaba sobre ese escrito. – Le dije que deducía que había muerto por el hechizo de la flor.  – Así es. – Me contesto, el desgraciado quiso aprovecharse de mi familia y yo lo mate. – Quede atónito ante tal confesión, pero me sorprendió con la serenidad que me lo dijo.

Por fin llegamos a un inmenso árbol,  bajo el había una tumba. – Conocerás la verdadera flor del sufrimiento. – Me dijo el anciano. Mi corazón se acelero de la emoción. – Observa,   esta justo donde se entierran las raíces del árbol. – Observe y justamente estaba frente a mi, era una flor de tamaño medio, un poco mas grande que un girasol, para ser mas exacto, tenia la forma de un girasol, solo que sus pétalos en vez de amarillos eran negros, todo en si la parte superior de la flor era negro, el tallo y las hojas tenían un color marrón, era una flor muy extraña, nada que ver con las que yo imaginaba que eran sus parientes. – Esta es la flor del sufrimiento. –  me dijo el anciano. Te la muestro, porque no hay que negar la existencia de tan formidable y peligrosa planta, pero nunca tú ni tus colegas obtendrán los conocimientos, ni los poderes de la flor. – ¿Por qué? Conteste  ofuscado. – Porque los poderes de la flor solo se obtienen a través del conocimiento  empírico que se obtiene a través de los años y hay que estar en este lugar permanente para descubrirlos.  Solo la experiencia te los dará, de otra manera no lo obtendrán, si la flor es forzada  lo que intenten hacer con ella, los matara.

Esas palabras para ser sincero no me simpatizaron en lo mas mínimo, no se si es verdad o mentira, pero me desilusione. – ¿cuales son los poderes de la flor? Pregunte. – Por medio de la flor puedes hacer todo lo que tu mente desee, pero para eso tienes que tener un alto nivel conciencia de lo que deseas, no puedes desear solo por desear.  – me contesto.

Ya no quise entrar en detalles con el anciano, y le dije que por favor me mostrara lo que era capaz de hacer la flor.

Me dijo que para conocer el verdadero poder, tenía que sacrificar algo que estuviera cerca.  Analizándolo detenidamente, y sin preámbulos ni remordimientos, ofrecí sacrificar a mi guía, será un buen sacrificio, el instituto lo agradecerá.

El anciano me dijo que me retirara y que me dedicara a observar.

Vi como el anciano se quito el abrigo y la camisa, quedado solo en pantalones, y empezó a recitar oraciones en un leguaje desconocido y arcaico  para mí, se acerco a la flor, la froto con ambas manos, luego la arranco, la empezó a triturar con las manos, luego las soltó y el viento se la llevo. El anciano volteo la vista hacia el guía que estaba sentado distraído en no se que cosa, lo señalo y las trizas de los pétalos se dirigieron a el. Lo empezaron a rodear, luego vi como empezó a elevarse por el aire, gritaba de dolor, su cuerpo se acostó en el aire, observe que levitaba,  instantes después  cayo yerto en el suelo, había muerto.

El anciano se desmayo, yo estaba paralizado por lo vivido, no se cuanto tiempo estuve así, cuando reaccione sentí una gran satisfacción porque había encontrado el camino hacia los poderes de la flor del sufrimiento.

El anciano volvió en si y me dijo; Ya te mostré de lo que es capaz la flor, ahora por favor vete y no intentes en regresar, sino, morirás.

Conmocionado le dije que me iría pero que regresaría y que la muerte no me asusta.

Levante la vista hacia la flor y para mi sorpresa se había regenerado, estaba intacta como si nunca la hubiera tocado el anciano.

Por el momento me iré al instituto a informar sobre lo sucedido. Estoy seguro que me enviaran de regreso a profundizar en la investigación, aun no importando perder la vida.

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LA COLMENA

Autor: Edwin Duarte

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Hace aproximadamente un lustro… mi padre y su mejor amigo Bonifacio, planearon aventurarse a las colinas del norte; en busca de lo que en ese momento atraía a gran cantidad de personas, el codiciado oro. Los que han estado en esas colinas cuentan que es fácil encontrarse con minas rudimentarias, hechas por manos inexpertas. Mi padre y su amigo eran de esos hombres que a falta de trabajo y escases de dinero, optaron por viajar  a dicho lugar.

Mamá rechazaba rotundamente que mi padre concibiera tal aventura, pero por más que rogó que desistiera,  su necedad hizo que no se percatará del peligro que afrontaba.

Era una mañana fría de invierno, el reloj marcaba justo las seis,  alguien afuera golpeaba la puerta con mucha insistencia, junto con mi hermano nos apresuramos a abrir; era Bonifacio, el amigo de mi padre. Al verlo supimos que venía por él, y luego de una breve y fría despedida –quizás más que aquella mañana–; mi madre, mi hermano y yo, vimos como partieron acompañados de sus dos caballos, provisiones y las herramientas necesarias para aquel largo viaje. Mientras la silueta de aquellos dos aventureros se diluía en la distancia, mi madre, recostada en el marco de la puerta lloraba, a la vez que mi hermano con gran tristeza se aferraba a su cintura. A pesar de mi nostalgia al verlo marchase, me consolaba el saber que mi padre prometió regresar con nosotros y traer mucho dinero, para que tuviésemos una mejor vida.

Habían pasado ocho días desde que mi padre partió. En casa, mi hermano menor parecía haber olvidado aquel triste momento, pero mi madre mantenía un profundo pesar que adornaba con lágrimas, lloraba sin consuelo alguno. Se lamentaba el no haber hecho un poco más para detener a mi padre. Sin embargo las cosas cambiarían rotundamente y aquella tristeza se convertiría en angustia. Al filo del  medio día, un vecino del pueblo llegó alarmado a nuestra casa, diciendo que habían encontrado  el caballo de mi padre agonizando en la entrada del pueblo. Ésta noticia nos alarmó y corrimos a donde yacía el caballo, lamentablemente cuando llegamos el equino había muerto. Aquel cuadro sin duda nos conmovió, pero aun existía la incógnita de donde estaba mi padre y su amigo Bonifacio.

Luego de una pequeña búsqueda por los alrededores y sin resultado alguno, vecinos del pueblo -aproximadamente 30 hombres-, salieron a buscarlos. Mi deseo era acompañarlos, sin embargo mi madre se opuso a dicha petición. De manera que solo me quedo esperar junto a ella.

Después de varias horas de incertidumbre, entre la oscuridad de la noche y los rezos de mi madre, pudimos distinguir un grupo de antorchas  que se acercaban rápidamente, asumiendo que eran aquellos hombres que horas atrás habían salido con el afán de encontrar a mi padre y a su acompañante… efectivamente regresaban.

El caballo de Bonifacio venia despacio y con signos de cansancio, vimos que traía arrastrando una camilla improvisada hecha de dos ramas y una manta, amarrados por bejucos, en la que se veía la silueta de  alguien. En ese momento mi corazón parecía detenerse, la ansiedad se apoderaba de mi, sintiendo la imperiosa necesidad de querer ver a mi padre sobre esa camilla. Para fortuna nuestra y gracias al cielo… era él, se encontraba malherido, inconsciente, y con un aspecto físico casi irreconocible, –y aunque pareciera irónico– sentimos mucha alegría por tenerlo de vuelta con nosotros. Inmediatamente lo  llevaron a una pequeña clínica  en el pueblo, dónde un viejo facultativo era el encargado de aquel descuidado lugar.

Afuera de aquella estancia mi  madre con cierto desespero, buscaba explicaciones a lo ocurrido, aquellas personas que amablemente lo habían encontrado solo pudieron contestar que lo habían encontrado cerca de las montañas como a 25 kilómetros aproximadamente del pueblo, en un área de difícil acceso. Una de las  personas ahí presentes relato con más detalles el tipo de escenario con el que se toparon aquella tarde, mencionó que el aspecto de mi padre era como el de un cadáver, su vestuario estaba desgarrado, como si un animal salvaje lo hubiese atacado, tenia golpes en el rostro y cuerpo. A su lado se encontraba un caballo echado, que parecía cuidarlo. Mi madre casi se desmaya al escuchar el testimonio de aquel hombre. A la hora de haber ingresado mi padre a la clínica, salió el viejo facultativo, indicando que su estado era delicado pero a la vez estable, y que necesitaba de reposo.

Varios días después, mí padre recobró el sentido; todos en el pueblo estaban pendientes de su salud, las marcas de los golpes poco a poco se iban borrando  y los rasguños en su cuerpo comenzaban a cicatrizar. Su semblante parecía ser el mismo de antes, ¡bueno, eso pensamos en ese instante!  Por la tarde mi padre pidió estar a solas con nosotros, su familia.

Los motivos por los cuáles nos reunió fueron principalmente dos; primero, pedir disculpas a mi madre por no haberla escuchado, aún cuando ella le rogó que no hiciera el desventurado viaje. Y el segundo, fue para explicar con detalles lo que recordaba de aquella larga y espantosa travesía.

Voy a tratar de contar el relato de mi padre lo mas fielmente posible a su descripción, todo lo que se menciona a continuación son palabras de él.

—————–

-El día que salí con Bonifacio viajábamos con cierta duda, pero a la vez  con el afán de encontrar el tan preciado oro, que nos hiciera regresar a casa con la satisfacción de ofrecerles una vida mejor.

Recorrimos todo el día a lomo de caballo, hasta llegar a las últimas pastorelas en las faldas de la colina, para esa hora los pastores tendrían que estar regresando con sus ovejas, pero nos pareció extraño no encontrar a nadie y nada, ni siquiera una oveja perdida.

Con la ilusión de que nos encontrábamos cerca del lugar donde pretendíamos realizar nuestra búsqueda. No dudamos o nos preocupamos en ese momento de su ausencia. En el ocaso del atardecer encontramos un lugar perfecto para acampar, aprovechando que era un claro donde no interferían los arboles del bosque, y así aprovechar de mejor manera la luz de la luna.

A eso de las diez de la noche, nuestros estómagos estaban saciados; luego  nos preparábamos para descansar un poco. Yo  estaba dentro de aquel pequeño refugio que levantamos con palos y ramas; Bonifacio aún estaba afuera, haciendo sus necesidades entre los arbustos. De pronto escuché el alboroto de unas aves, tal era el desorden que me tuve que levantar para ver que sucedía; efectivamente algo las había despertado y las había hecho huir, estaban envueltas en un frenesí. Bonifacio también se sorprendió de aquella danza nocturna que realizaron las aves, las  vimos volar rumbo a las colinas hacia donde nosotros nos dirigiríamos. Nos quedamos observando y buscando respuesta a aquel extraño espectáculo – la serenidad de nuevo se apoderó de aquel lugar-. Bien, dijo mi amigo, creo que es hora de descansar un poco, mañana nos espera otra larga caminata.

Nos aprestábamos a dormir, tratando cada uno en silencio de olvidar aquel suceso. De pronto un ruido ensordecedor  como si se tratase de un enjambre de abejas siendo este más fuerte y más agudo, nos hizo salir del refugio, rápidamente observando hacia la dirección que ve mi amigo, me quede ¡pasmado! al ver tal cosa, nunca había visto algo así – mi padre se sobresalta -, tal asombro nos inmovilizó.

Recuerdo que alcanzamos a ver una silueta en el aire que se acercaban cada vez más, intenté hablarle a Bonifacio y decirle que nos metiéramos de nuevo al refugio, pero no pude, esa silueta de considerable tamaño se posaba sobre nosotros. Estábamos ¡paralizados!, la  silueta  en el cielo era de una criatura alada, en la oscuridad fue lo único que logre distinguir. El rostro desencajado de mi amigo era el reflejo de lo que yo también sentía en ese instante, todo fue tan rápido y a la vez tan eterno. Como pudimos y sin mencionar una solo palabra entramos al refugio, nuestros cuerpos fueron presa de los nervios. Recuerdo no haber dormido aquella noche, tenía miedo a moverme. A mi mente venían más preguntas que respuestas y un continuo reproche por no estar en casa con mi familia. Los extrañe tanto – nos dijo sollozando-.

A la mañana siguiente nos levantamos muy temprano y en silencio – continua con su relato -, los primeros rayos del sol se hacían ver el cielo… estaba despejado y soplaba un viento fresco.

Decidí romper aquel silencio, preguntando a mi amigo si debíamos continuar la marcha hacia nuestro destino o si regresar al pueblo poniendo sobre aviso de lo que habíamos vivido la noche anterior. Él, con una sonrisa nerviosa y sarcástica a la vez, me contestó que por nada del mundo regresaríamos con las manos vacías y que todos en el pueblo se burlarían de nosotros y nuestra historia, así que decidimos proseguir con nuestro camino.

Pasado el medio día, llegamos a las colinas en donde se suponía que encontraríamos el oro, notamos claramente lo que la gente rumoraba, habían muchas minas rústicas, indicios de que se había extraído algún tipo de material. Fue quizás la primera vez en el día que sonreíamos, habíamos encontrado el lugar. Mientras explorábamos el sitio, nos mofábamos de que pronto ya no tendríamos que trabajar, pues prácticamente éramos nuevos ricos.

En el transcurso del camino sólo vimos minas vacías. Buscábamos  montículos donde suponíamos iba a estar el metal dorado, mientras más nos adentrábamos en las colinas mas era la certeza de que íbamos a encontrar oro en grandes cantidades. En un suspiro llegó la noche, y después de otro día de viaje decidimos descansar, manteniendo la esperanza de que al día siguiente encontraríamos el montículo adecuado para excavar. Habíamos olvidado el terrible pasaje de la noche anterior, y entre sueños y fantasías, nos quedamos profundamente dormidos.

A la mañana siguiente y al igual que la anterior nos levantamos muy temprano para continuar con nuestra búsqueda, en el camino ya se veían pocas minas, lo que nos llevo a la conclusión de que ya era poca la exploración en esa parte de la colina; ahora si estábamos seguros de que llegaríamos al lugar adecuado. Con casi medio día recorrido, y después de haber dejado hacía tiempo, la última mina, encontramos un montículo. Decidimos explorarlo y con nuestra herramienta logramos extraer una  muestra, pero no fue lo que esperábamos. Así que decidimos seguir avanzando. Sin embargo, más adelante Bonifacio me alertó de que a la distancia, había observado algo que parecía un gran montículo y me aseguro que ahí encontraríamos lo que buscábamos. Al llegar nos bajamos de los caballos y decidimos escalarlo y para nuestra sorpresa no era un montículo pequeño, su extensión se alargaba fuera de nuestra vista, decidimos recorrerlo a pie ya que los caballos se habían quedado en una vereda de al lado. Después de caminar aproximadamente un tramo de medio kilometro, encontramos el final. El montículo contaba con una caída de aproximadamente 20 metros de altura, decidimos bajar para verlo mejor, buscamos el lugar de mas fácil acceso para hacerlo. Al estar abajo, acordamos separarnos para que cada quien lo explorara por diferentes lados.

Minutos después Bonifacio me llamaba a gritos… fui a ver qué pasaba; él, exaltado, me señaló con el dedo índice hacia donde tenía que ver, me quede  emocionado y a la vez admirado, era una mina de finas y grandes proporciones en su entrada, parecía como si expertos la hubiesen fabricado. Lo curioso es que no había señales de ningún instrumento de fabricado y usado por  humanos, no existiendo huellas que delataran la presencia de aquellos.  La tierra removida por aquella excavación no estaba por ningún lado, por lo que llegamos a la conclusión de que se trataba de una mina vieja. O quizás de una cueva.

Decidimos adentrarnos. Al estar ahí y luego de recorrer unos cincuenta metros en línea recta, nos dimos cuenta de que la luz que emanaban nuestras lámparas de aceite no era suficiente para alcanzar alumbrar un final.

Tenía una sensación extraña, podía sentir que algo nos iba a pasar pronto, pero no sabía qué. Dirijo mi lámpara a una de las paredes de la mina, y ahí estaba, lo que nos hizo salir de casa, lo que anhelábamos encontrar para salir de la miseria. Grande fue mi sorpresa y mi alegría, había encontrado una piedra de oro de aproximadamente dieciséis onzas; se la muestro y los dos saltamos y nos abrazamos de gozo. Cuando el éxtasis del hallazgo había pasado, caímos en la cuenta que ya estaba oscureciendo, por lo tanto  decidimos volver hacia donde estaban los caballos y acampar allí. Recuerdo que esa noche no queríamos dormir, soñábamos despiertos y era tan gratificante. ¡Teníamos oro! teníamos por primera vez la oportunidad de darles a nuestras familias lo que en verdad se merecían.

Cuando las primeras horas de luz del cuarto día llegaron a nuestra vista, nos levantamos con el objetivo de explorar la mina lo más profundamente posible durante el día, y de ser posible quedarnos dentro de ella por la noche. Luego de  asegurar los caballos a unos árboles, bajamos con las herramientas necesarias para llevar a cabo nuestro plan y de nuevo nos adentramos.

Ante la emoción de haber encontrado esa piedra de oro, perdimos todo recuerdo de aquel incidente con la criatura alada. ¡Si tan solo hubiéramos recordado aquello! quizá hubiéramos tomado las precauciones pertinentes.

Llevados por la ambición del oro y segados por enriquecernos, nos movimos como serpientes entre la oscuridad de la mina, nuestra única guía era la luz de nuestras lámparas. Recorrimos aproximadamente cien o ciento veinticinco metros y  por los constantes tramos inclinados que encontramos llegamos a la conclusión que íbamos en declive; eso no nos preocupaba. Lo que sí es cierto es que entre más avanzábamos la atmosfera se volvía más cálida y húmeda, además de un olor fétido que se colaba en el aire haciéndose sentir en nuestros sentidos. No supimos calcular cuánto más avanzamos, pero llegamos a donde el túnel de la mina se dividía en dos caminos del mismo tamaño.

En ese espacio el olor era insoportable, sin embargo el deseo de ver brotar el oro nos hizo dividirnos nuevamente para inspeccionar aquel nuevo descubrimiento; estreché su mano con fuerza, pues el temor era evidente en ambos aclarando vernos fuera de la mina antes del anochecer.

Fui por mi lado rápidamente, constatando que caminaba hacia arriba. Contrario a lo que veníamos haciendo, era como buscar de nuevo la superficie. En algún momento del camino pensé si a Bonifacio le estaba yendo bien. Camine un buen tramo hacia arriba, cuando el territorio cambio bruscamente su dirección.

Ahora tendría que caminar de nuevo hacia abajo, la atmósfera a partir de allí tendía a bajar su temperatura, soplando un aire ligero y fresco, aunque  el olor a podredumbre continuara haciéndose más sensible.

Llegué a un punto dónde ya no necesité la luz de mi lámpara. Entre más avanzaba más claro veía, al final del camino yacía delante de mí un gran abismo circular, no logrando ver el fondo. Al ver horizontalmente, noté que todo alrededor del abismo eran grandes columnas de tierra, con cientos de cavidades. Era curioso ver que todas las cavidades tenían forma hexagonal y grosso modo parecían ser de iguales dimensiones. Reflexionando luego, que mi amigo y yo podríamos estar en una de todas esas cavidades.

No conseguía salir de mi asombro, me preguntaba una y otra vez quién habría sido el creador de tal formación. Luego de unos momentos en los que examine con mi vista aquel extraño lugar, decidí rodear el abismo, al acercarme hasta una de las cavidades noté que dentro de éstas brillaba el metal que con tanto esfuerzo habíamos buscado. Alargando el brazo pude alcanzar un pedazo de oro muy parecido al que ya había encontrado, al tomarlo, una parte de tierra se desprendió, cayendo hasta el fondo del abismo, haciendo eco de su caída tiempo después. Emocionado, comparé los pedazos de oro que tenia. De repente el silencio que reinaba en aquel lugar, se vio interrumpido por los gritos de mi amigo, él trataba de encontrarme entre cientos de cavidades. Cuando me asomé a la entrada de una de tantas cavidades, lo vi al otro lado; sonriendo me enseño dos pedazos luminosos, a lo cual yo respondí de la misma forma. ¡Somos ricos! me grito, formándose así un gran eco entre todos aquellos agujeros.

Después de comunicarnos abiertamente entre ese gran espacio que nos dividía, comenzamos a sentir una corriente de viento frío, acompañado de nuevo del fétido olor, era insoportable, nauseabundo. Vimos que de varias cavidades empezaron a salir murciélagos en grandes cantidades, revoloteando y  chillando como  espantados por algo que en ese momento no veíamos ni escuchábamos. Se dirigían hacia donde me encontraba, y muchos más hacia la cavidad donde se encontraba Bonifacio. Tuve que tirarme al suelo para que no me golpearan, después de su paso, me levanté y observé al otro lado, Bonifacio aun se estaba levantando,  me vio y sonrió volviendo a levantar  los dos pedazos de oro que tenía. Luego de eso, pensé en decirle a mi amigo que regresáramos, sin embargo, pudo más la ambición por el oro.

Con el correr del viento frío y el  olor aún presente, tuve una extraña sensación… sentía la necesidad de salir rápidamente de ahí; un temor se apoderó de mi, al punto de no querer seguir recolectando oro. No tenía la menor idea de lo que estábamos a punto de vivir. Mi presentimiento se hizo realidad; entre la penumbra de aquella mina vi salir una enorme criatura alada.

Mi mente me llevó a la silueta que noches atrás habíamos visto volar sobre nosotros.

Por un momento logre sentir que mi corazón se detenía, la sangre se congelaba en mis venas; no podía moverme. El terror invadía mi cuerpo. Quería correr, pero mis pies parecían estar clavadas a la mina.  Quería gritar, pero mi voz no se escuchaba.

La criatura voló hacia donde estaba mi compañero, él nunca vio venir el ataque de aquella bestia; al igual que yo, quedó inmovilizado –a mi padre se le quiebra la voz-. Recuerdo escuchar sus gritos pidiéndome ayuda; cuando al fin pude moverme eché a correr por una de las cavidades. Pensé que la criatura venía tras de mí; debido al miedo sentía que mi cuerpo flotaba.

Los gritos de mi amigo eran cada vez más fuertes, al punto de sentir como desgarraban mi paranoia en aquel maldito lugar. No soporte más sus lamentos, su dolor me dio el coraje necesario para dar la media vuelta y regresar. Me acerque poco a poco, sin hacer el menor ruido, y cuando vi en dirección a los gemidos, me quede frenéticamente paralizado. Mi visión era opaca debido a la inmensa oscuridad que ahí reinaba, logre  distinguir la silueta de ambos, quería ayudarlo, ¿pero cómo? Mi amigo ya no gritaba, gemía agonizante; lloré en silencio ¡cuánto quise en esos instantes nunca haber llegado a ese maldito lugar!

 Bonifacio dejó de gemir, al tiempo que dejó de moverse;  mi sentido auditivo solo percibía un crujir. Sin pensarlo mucho decidí acercarme sigilosamente, me daba igual si aquella criatura me veía; cuando estuve a una distancia prudente encandilé a la criatura; si iba a morir quería llevarme el recuerdo de quién lo habría de quitarme la vida.

El cuadro fue espantoso, primero observe a la criatura, su cuerpo no tenía forma, parecía ser una mutación de varios cuerpos en pudrición, era aberrante; de su cabeza brotaban cabellos largos y muy escasos, además sobresalían algunos cuernos, su boca estaba repleta de dientes afilados, de su torso colgaban pechos parecidos al de una mujer, tenia enormes alas como de insecto, parecidas a las de una mosca, sus patas parecían de un ave rapaz. A un costado vi a Bonifacio sin vida, sobre una poza de sangre, su mano izquierda aún sostenía el bolso de cuero con piedras de oro; vi su cuerpo  desmembrado, tenia marcas de garras por todo el cuerpo, su vientre abierto dejaba al expuesto sus vísceras, mismas que devoraba la bestia.

A la bestia no parecía importarle mi presencia, alimentándose de su presa con mucha naturalidad. Yo temblaba del miedo, quería ayudar a Bonifacio, pero ya no podía hacer nada por él – mi padre llora -.

Justo en ese momento la bestia volteó para verme por un segundo, en sus ojos parecía arder un infierno, sin prestarme más atención siguió devorando su presa; quise aprovechar el que yo no fuera parte de su festín para salir de allí lo más rápido posible. Comencé a correr por una de aquellas cavidades; percibía el aire más denso, el fétido olor seguía presente. El ruido que escuchamos aquella primera noche se hizo sentir de nuevo, percibía el eco del sonido parecido a un enjambre a través del túnel.

Un frío recorrió por mi espalda, erizando mi piel; me aferré a mi bolso con las piedras de oro y mi mano derecha no pudo soportar más el peso de mi lámpara; no había tiempo para verificar lo sucedido, tenía que salir de ahí. En completa oscuridad abandoné la mina. Estando ahí dentro perdí la noción del tiempo, para cuando salí ya era de noche; desaté a los caballos de aquellos árboles y cabalgué desesperadamente sin rumbo.

No tenía la menor idea de que horas eran, ni cuánto había cabalgado o si iba por un camino equivocado, únicamente sentía el viento frío que helaba mi rostro. Recuerdo haber observado el cielo y las estrellas, buscando una explicación a lo vivido. Por un momento el fétido olor había desaparecido, todo parecía en calma. Cabalgaba lo más rápido posible, de repente los caballos se detuvieron abruptamente, el instinto de supervivencia de éstos nos había hecho llegar a las orillas de un riachuelo; cansados por la cabalgata bebieron agua y pastaron un poco. Aproveché para descansar, beber agua y comer algunos trozos de pan que guardé en una bolsa que iba sobre el lomo de mi equino. En la otra, aseguré las piedras de oro que llevaba conmigo.

Me recosté sobre un tronco viejo, esperando a que llegara el amanecer; ¡estaba cansado!…  me quedé dormido, por suerte aquella madrugada transcurrió sin ningún problema.

A la mañana siguiente no esperé a que alumbrara el sol, decidí marcharme cuanto antes.  Los caballos habían repuesto energías al igual que yo, por lo que iniciamos de nuevo nuestro recorrido; tuve la optimista idea de que ese era el día para llegar a casa. Con el transcurrir del día empecé a notar que estaba extraviado, parecía que pasaba por el mismo lugar una y otra vez, no encontraba rastros de civilización, ni siquiera veía huellas de personas o animales. Tuve miedo de estar atrapado durante la noche en aquel infinito lugar de árboles, desfiladeros de rocas y de pasto alto y seco, la bastedad de lugar empezaba a frustrarme.

Al caer el crepúsculo del atardecer el panorama era distinto, podía distinguir el horizonte claramente; pocos árboles se asomaban tímidos ante aquella planicie, las rocas de gran tamaño eran pocas y distantes una de la otra. Esa noche algunas nubes grises se hacían presentes, el viento helado soplaba un tanto fuerte. Todo parecía transcurrir con normalidad.

De pronto, sobre la marcha, el caballo de Bonifacio se detuvo y como si hubiese visto al mismo demonio, se paraba en sus dos patas traseras relinchando sobresaltado; mi caballo se puso nervioso pero todavía logré controlarlo. No pude sostener más la correa del otro caballo y huyó con rumbo incierto.

Sentí rabia de no poder hacer más, y en un abrir y cerrar de ojos todo cambio; el fétido olor se hizo otra vez presente, escuché un zumbido y al levantar la vista sobre mí, la bestia alada caía sobre nosotros como un rayo. La bestia manifestó todo su poder sobre nosotros. Sentí un fuerte golpe en la cabeza que me hizo caer del caballo; vi como a mi caballo lo atacaba, lo arañaba y en cuclillas sobre el lomo del asustado animal buscaba morder su cuello.

Como pudo el caballo huyó de ese lugar. Yo ni siquiera podía ponerme en pie; de nuevo frente a mí tuve aquellos ojos que escupían fuego, las arrugas en su frente denotaban enojo y dejaba entrever sus dientes afilados de aquella boca que destilaba saliva pegajosa y maloliente. Sus brazos eran fuertes, me tomaba y lanzaba por los aires como si fuera un espantapájaros, me levantaba sacudiéndome con gran fuerza y gruñéndome parecía reclamarme algo –mi padre hace una pausa y llora-. Esa bestia además de la paliza me enseñó a que la ambición no está por encima de las cosas que realmente amamos –dice con voz entrecortada-. Yo esperaba el golpe final –prosigue-, mi cuerpo no aguantaba más castigo; de pronto la bestia comenzó a emitir un ensordecedor y perturbador zumbido; es lo último que recuerdo.

————————-

Al escuchar el relato de mi padre, no lo podíamos creer, nunca habíamos escuchado de tales criaturas; además fue fácil resolver algunas dudas como por ejemplo, las heridas en el caballo de mi padre, y que el caballo de Bonifacio regresó a donde estaba mi padre para cuidar de él. Es curioso también que en ninguna de las alforjas en el lomo de nuestro caballo estuviera el oro encontrado por él. Después de su relato mi padre decayó en una profunda depresión, su estado de salud empeoró, sufría de ataques de histeria mientras dormía y alegaba sentir aquel fétido olor que fue parte de su terrible experiencia. Tres días más tarde mi padre dejó de existir.

Las personas del pueblo y sus alrededores que tuvieron la vaga o convincente idea de marcharse en busca de oro, desistieron; la historia de mi padre los hizo reflexionar. En cuanto a nosotros, puedo decir, que cinco años después, la partida de mi padre aún nos duele. Su intención de descubrir oro y darnos una vida mejor está siempre presente en nuestras memorias. Y en cuanto a esa bestia, ahora sabemos que en aquellas minas, habita un guardián que resguarda los tesoros naturales de manos ambiciosas.

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cuentos de terror·Sin categoría

Rio Azul

Autor: Edwin Duarte

Walter es un prodigioso fotógrafo, reconocido mundialmente por tomar fotografías  a paisajes insólitos alrededor del mundo.

Luego de la muerte de su esposa suscitada hace ocho años, decidió tomar fotografías profesionalmente, esta decisión lo hizo ser reconocido como uno de los más prominentes fotógrafos paisajistas de todos los tiempos… solo acepta grandes retos, gusta de visitar lugares inhóspitos  y así obtener siempre fotografías originales. Estos riesgos casi le han costado la vida en más de una ocasión; le gusta la soledad ya que esta no admite distracciones, siendo su cámara y equipo fotográfico sus únicos compañeros.

Esta vez la revista para la que trabaja le ha solicitado que viaje para captar fotografías que serán utilizadas como postales mostrando los lugares más enigmáticos e inseguros sobre la faz de la tierra… específicamente un lugar que solo a sido  fotografiado en las partes principales y sus alrededores.

Dicho lugar es el gran bosque negro, un espacio frondoso, poblado por árboles milenarios, increíble fauna, flora abundante y por supuesto un lugar plagado de mitos y  sucesos inexplicables y misteriosos.

Acceder a este bosque es complicado,  sin embargo  Walter esta dispuesto a hacerlo. Desde lo alto utilizando vista área, la espesura del bosque lo hace ver como una gran mancha negra, siendo este el origen de su nombre.

Llegando al último pueblo, que se encuentra  aproximadamente a 10 kilómetros siendo esta su última oportunidad para abastecerse de provisiones para los 10 días que pretende estar dentro del inmenso bosque.

Tras haber dejado el pueblo, observa que cada vez esta más cerca del bosque y el clima pretende hacerse más frío. Llegando a la última cabaña que se encuentra en el umbral del bosque, siendo este el lugar donde dejara su automóvil y otros suministros  que le servirán a la hora de una emergencia o por si fuera necesario.

El administrador de la cabaña lo espera en la puerta, indicándole donde puede estacionar.

 -¿Así que es usted el atrevido en  adentrarse en semejante bosque?  -comenta el administrador-.

– Sí, así es.  Créame he estado en lugares peores. –contesta Walter.

– Bueno, eso espero. –replica el administrador. – ¿lleva todo lo necesario para su estancia?

–Creo que sí.

– Ese bosque es peligroso  amigo,  ni los lugareños que somos  valientes nos atrevemos  a llegar hasta el centro, muchos se han perdido dentro y no aparecen jamás, créame conocí a unos que no salieron.

 – Gracias por las advertencias, pero no le temo al bosque y como le repito he estado en peores lugares.

– ¡Bien, me alegro por usted! Tenga, este es el mapa más reciente que existe del bosque, aunque no le aseguro que sea el más adecuado ni el más preciso, ¡no se fíe! Los topógrafos que vinieron a tomar medidas, no lo hicieron correctamente,  no cumplieron con el tiempo establecido, solo hicieron la mitad del trabajo y se largaron. Lo extraño es que salieron desorientados, asustados, y jurando que preferían perder su trabajo antes que volver a entrar a ese bosque. Con decirle que ni siquiera se despidieron. –comenta.

– ¡Gracias por el mapa!– Contesta Walter sin alterarse ante los comentarios del administrador.

– Solo otra recomendación -insiste el administrador-, por favor le suplico no acampar cerca del río azul, sabe ese lugar es esotérico, existen muchos relatos… pasan cosas que  muy pocos han visto y atrevido a contar y los que lo han hecho siempre lo hacen de forma banal, como para restar total atención. ¡Le aseguro que las cosas místicas existen!  Así que por favor tenga mucho cuidado.

– No se preocupe estaré bien, ¡gracias por todo! ahora debo irme antes de que se haga más tarde, nos vemos en diez días. – finalizó Walter.

Y así el fotógrafo emprendió su travesía, adentrándose en el bosque sin titubear, voltea a ver hacia atrás, tomándose un tiempo piensa  que por diez días estará completamente solo y aislado del mundo que conoce. A simple vista no le parece un lugar inhóspito como había escuchado pareciéndole un lugar agradable.

Ha caminado durante dos horas y media…  empieza a oscurecer, creyendo que es suficiente caminata por ese día.

Hasta el momento no ha visto cosas interesantes que lo inviten a sacar su cámara fotográfica.

Hace los preparativos para levantar su tienda de acampar, busca el lugar adecuado, un claro donde pueda descansar. Enciende una fogata, calienta su comida, y observa que la oscuridad total lo envuelve a su alrededor, escucha el murmullo de los animales nocturnos y el bullicio de los insectos. Terminado de comer, se apresta para dormir mientras la fogata arde lentamente.

Walter despierta durante el alba del día siguiente, fue una buena noche y desea continuar lo más pronto posible para ahorrar tiempo y llegar hasta el centro del gran bosque negro. Recoge su tienda y emprende la marcha. Se percata que la temperatura desciende a cada paso que lo adentra en el bosque, lleva dos horas caminando, los rayos del sol ya no penetran el inmenso follaje de los arboles que por su apariencia deben de tener por lo menos un par de milenios en pie. Es hora de descansar, busca el lugar adecuado para poder sentarse y lo hace en las raíces de un árbol gigante. Luego de un descanso moderado, emprende la marcha; revisa el mapa que le proporcionó el administrador, sabe que está aproximadamente a hora y media de llegar a su destino. Camina por un sendero cubierto de musgo resbaladizo, al lado un riachuelo lo acompaña, sabe por los rasgos del camino que no es un lugar muy concurrido. Al frente del sendero divisa un árbol de singulares características, su tamaño y forma son únicos y su antigüedad es inimaginable, esto llama la atención del fotógrafo. Mi primera postal se dice; desde todos los ángulos posibles intenta retratar aquel árbol en forma de pulpo y tronco bajo, sus ramas son tan gruesas y tan llenas de musgo que pareciera ser un inmenso monstruo, algunas de ellas logran tocar el suelo y muy pocas hojas lo adornan. Ha captado fotografías espectaculares, sintiéndose satisfecho prosigue su marcha.

Algunos metros adelante percibe algo, una sensación muy extraña hace que su piel se erice, se queda sin hacer un solo movimiento para escuchar  algo. ¡Nada! Se voltea, no hay absolutamente nada.

Te preocupas por nada, se dice a sí mismo. De camino al centro del bosque ve otra escena que le parece espectacular, toma su cámara dispuesto a retratarla, es una especie de ave que jamás había visto y muy difícilmente lo vuelva hacer; es un ave de color gris cenizo, de cuerpo delgado con plumaje espeso, sus ojos son redondos con una sombra a su alrededor que le dan un semblante tenebroso, pico en forma de navaja grande y gruesa, cola larga y patas con grandes garras que podrían desollar a un animal.

Listo para dar el clic,  se escucha una rama quebrar, el ave se asusta y vuela despavorida; se voltea, atrás  de unos viejos arboles observa la rama quebrada, no hay duda, alguien la piso y se quebró ¿hay alguien ahí? –Pregunta-. No obtiene ninguna respuesta. Sabe que alguien lo observa, de repente escucha un pequeño ruido tras un árbol, Walter se acerca sigilosamente y observa tras el árbol, ¡válgame Dios! -Dice con gran exaltación-. Retrocede, ¡no puede ser! -replica-, se dirige otra vez al árbol, observa a un niño sentado con las rodillas levantadas y las manos y la cabeza pegadas a ellas. ¿Oye niño que haces aquí en medio de este bosque? ¿Te perdiste? ¿Acaso estás solo? -Fueron las preguntas de Walter-. El niño  levanta su cabeza, el fotógrafo observa un rostro melancólico que le parece familiar.

–Sí, me perdí en la soledad. –Contesta el niño-

– ¿Y tus padres donde están?

 – Me abandonaron hace mucho tiempo.

– No puede ser. ¿Cuántos años tienes?  – El niño no respondió.

– ¿Cómo te llamas? – Pregunta el fotógrafo.

–Walter. – Contesta el niño-.

El fotógrafo se lleva una mano a la cabeza y hace un gesto negativo.

– Que coincidencia. – responde.  

– ¿Cuánto tiempo llevas acá?

 – De estar solo llevo mucho tiempo, ya perdí la cuenta.

 – Ya veo. Bien, no tenía planeado andar en compañía pero no te puedo dejar solo, acompáñame y  te prometo llevarte con tu familia después de que haya terminado mi trabajo en este bosque.

– Está bien. – Responde el niño-

Se para, le da la mano a Walter y prosiguen la marcha.

Llegaron a lo que se supone es el centro del bosque, sin observar nada extraordinario en ese lugar.

Contempla su mapa,  justamente está en el lugar indicado, el pequeño Walter observa un plano considerando que pueden montar la casa de acampar para lo que les resta de tiempo dentro de ese bosque.

-Acampemos aquí, parece un buen lugar -dice el niño-.

 -No niño, aquí no hay nada para retratar, caminemos un poco mas, según el mapa hay un rio adelante, ahí tal vez podremos acampar –responde el fotógrafo-.

-No creo que sea buena idea acampar cerca del río. No es un buen lugar para hacerlo.

-Si encontramos lo que necesito para fotografiar ahí nos quedaremos.

-No conoces este bosque, no es lo que parece, muchas cosas extrañas suceden aquí adentro.

 -Mira chico, he estado en peores lugares, ¿crees que le voy a temer a este bosque?  Esas cosas extrañas que dices, solo está en la cabeza de los lunáticos,  ¡no me vengas con esas cosas por favor! y ahora avancemos, buscaremos el río –insiste el fotógrafo-.

Conforme avanzan el aire se torna más frío, cada respiro se percibe más dulce, el ulular de los pájaros no cesa, su cántico junto con el correr de las aguas del río pareciera una melodía relajante.

-Ya estamos cerca, -dice el fotógrafo-.

El niño insiste en decir que no quiere acampar cerca del caudaloso río.

-No seas terco niño, no ves que el sol se oculta y oscurece rápidamente; acampemos aquí, no estamos tan cerca del caudal –replica el fotógrafo-.

El niño desaprueba la decisión limitándose a observar con ojos de advertencia.

Al acercarse a la orilla del río, el fotógrafo se queda asombrado de tal maravilla, a pesar de que ya empezó a oscurecer, las aguas del río aun permanecen de color turquesa.

No muy lejos de donde están se escucha una caída de agua.

-Caminemos, -le dice Walter al niño- allá arriba debe haber una catarata. El niño sin decir palabra alguna lo sigue. Llegan a la caída de agua y la imagen es inigualable, efectivamente era una catarata de  aproximadamente 30 metros de altura, parte de la caída choca contra una gran roca que se encuentra en medio del rio, el agua salpica hacia ambos lados, creando así un efecto visual de dos alas que salen de los costados de la roca.

 Al fondo de la caída se forma una poza profunda que hace ver una mancha azul en el agua, ahí los viejos arboles que están alrededor de las dos orillas del río parecían tener más juventud que los del resto del bosque.

-Lo ves niño es un lugar encantador, apuesto que no conocías aquí -dice el fotógrafo-. Ven, acércate, observa esta maravilla, ¡enamórate!

Se voltea hacia el niño, y éste no está. Oye niño ven acá, no tengas miedo nada te pasará -grita Walter-. Sin embargo no obtiene respuesta.

-Niño no hagas eso, no te escondas, ya esta oscuro y aun tengo que levantar la tienda de acampar, ven ayúdame -vuelve a gritar-.

Ya volverá, levantaré la tienda solo –piensa-.

Cuando termina de levantar la tienda y de encender una pequeña fogata, Walter vuelve a llamar al niño con insistencia, pero nuevamente no obtiene respuesta. Sale a buscarlo por los alrededores alumbrando con su linterna.

-¿Walter dónde estás? –Pregunta-, hace mucho frío, sería bueno que entrarás a la tienda. Bueno, no creo que sea tan ingenuo como para marcharse, piensa. Walter el fotógrafo, decide volver a la tienda y comer un poco, mientras piensa detenidamente sobre la actitud del niño. De lo que estaba casi seguro era que el niño regresaría. 

Habían pasado dos horas desde que el niño había desaparecido, el fuego se extinguía poco a poco; el fotógrafo, cansado y somnoliento aun lo esperaba despierto, no se atrevía a dejar la tienda de acampar a esa hora para ir a buscar al niño, su temor era que los animales salvajes irrumpieran en su tienda.

Walter estaba muy cansado debido a la caminata, a duras penas logra mantener sus párpados abiertos, parece que es cuestión de segundos para que caiga profundamente dormido. De pronto escucha unos pasos atrás de la tienda con dirección a la catarata, ¿niño eres tú?        -Pregunta-. Ven a dormir, ya es tarde. Pero no obtiene respuesta. Afuera el fuego esta por extinguirse, el fotógrafo trata de mantenerse consciente, aún con los ojos cerrados; de repente vuelve a escuchar otro ruido, pero esta vez se oye como si alguien se duchara.   –Niño, ven a la tienda, duerme –dice un somnoliento Walter-. Entre la pesadez de su sueño escucha como si alguien jugara en el agua, escucha la risa de una mujer y oye pasos junto a la tienda. Él ya esta demasiado cansado para levantarse e ir a ver,  balbuceando, cae en un profundo sueño.

A la mañana siguiente antes del alba, el fotógrafo despierta con una sensación de sueño, sale de la tienda para ver si hay rastros del niño, sin lograr encontrarlo.

Aún con la incertidumbre del paradero del niño y los ruidos de la noche anterior, busca una ubicación adecuada para poder fotografiar el paisaje.

La encuentra justamente en dirección de la cascada, que es iluminada por los rayos del astro rey, formando un arcoíris espectacular que se mezcla con la naturaleza de aquel bello lugar.

-Te dije que acampar cerca del rio era mala idea. Suena una voz atrás del fotógrafo. Éste  voltea con asombro.

-Niño ¡eres un mal agradecido! te he buscado por un buen rato y te he llamado y no has contestado, ¿dónde te has metido? estaba muy preocupado –reclama el fotógrafo-.

–Te dije que no quería acampar cerca del río, prefiero dormir solo en otra parte, no me gusta y me asusta lo que hay allí              –contesta el niño-.

–Niño allí no hay absolutamente nada.

–Sé que anoche escuchaste cosas extrañas, pero tu consiente no lo quiere admitir, no seas tonto no acampes cerca del río, deberías abandonar el bosque –advierte el pequeño-.

–Mira niño, lo de anoche no fue más que el cansancio que sentía, los ruidos, los escucho todo el tiempo, no hay de qué preocuparse.

–Esta noche, si decides quedarte acá volveré a desaparecer, iré a dormir a otro lado; no te preocupes por mí, yo estaré bien,  ¡preocúpate por ti! Estas montañas no son seguras, mucho menos el río, envuelve grandes misterios que soy incapaz de explicarte, te haré compañía pero no me obligues a dormir aquí –dice el niño-.

 –Como tú quieras pequeño –responde Walter-.

Para medio día, Walter ha tomado varias fotografías por diferentes partes del bosque, a pesar del frio y los bancos de neblina que descendieron repentinamente las postales están quedando únicas.

Desde su aparición, el niño se ha limitado solo a observar el trabajo del fotógrafo, evitar hacer el menor ruido posible. Walter olvida que se encuentra acompañado, pero cuando no lo hace; siente un temor que recorre su cuerpo aún sabiendo que el niño lo observa detenidamente.

-Pareces un hombre triste -dice el niño a Walter-.

¿Acaso huyes de algo? No es normal que alguien esté solo tanto tiempo.

–Escucha niño, sigue calladito como hasta ahora, además no huyo de nada, simplemente me gusta estar solo –responde el fotógrafo-.

–Tu rostro y  tus ojos marcan una gran tristeza como si anhelaras algo en esta vida.

–Mira quién habla de tristeza, desde que te conocí no has cambiado ese semblante de tu rostro,  parece que aquí el que anhela algo eres tú –reclama el fotógrafo-.

–Mi único anhelo es ayudarte a encontrar el camino –responde el niño-.

– ¿Qué camino? – Pregunta el fotógrafo-.

– El camino hacia la felicidad; te has perdido en el camino de la soledad hace mucho tiempo –dice el niño-.

–Escucha, no te conozco, ni me conoces; tú no sabes nada de mí, no hables como si lo hicieras ¡por favor! ahora cállate que no me dejas concentrar –reclama el fotógrafo-.

– Está bien lo haré; solo una cosa más, vete a casa antes que sea demasiado tarde, todavía tienes oportunidad –finaliza el niño-.

La neblina era espesa, opacaba los últimos rayos de sol, dentro de muy pronto oscurecería, era hora de levantar la tienda de acampar. Walter hizo caso omiso a las advertencias del niño, y decide acampar en el mismo lugar. El niño, al contemplar la desobediencia del adulto, desaparece sin dejar rastro de hacia dónde se dirige. El fotógrafo intenta dar con algo que lo oriente hacia donde esta el niño pero es inútil. La oscuridad ya se ha tragado la escasa luz restante; las bestias nocturnas empiezan a merodear sin acercarse a la tienda, quizá le temen a la fogata que arde junto al hombre y las figuras que su sombra genera.

Walter revisa las fotos del día en su cámara, ¡son excelentes y originales! Observando detenidamente cada imagen.  Llega a las imágenes con niebla; observa un viejo árbol, postrado solitariamente, sus vecinos mas cercanos están a quince metros de distancia, la conjugación  entre el ancestral árbol y la neblina promueven un aspecto triste y sombrío.

Walter ha visto por mucho tiempo la imagen, algo atrae su atención. No puede ser, -se dice a sí mismo-, él estaba atrás de mí, es imposible –dice con asombro-.

La neblina que cubría en su totalidad  la imagen del viejo árbol expresaba algo fuera de lo común; la cabeza del pequeño Walter se asomaba atrás del árbol, con la misma expresión de angustia en su rostro, pero el niño no lo observa a él, sus ojos veían hacia un costado; Walter deja de ver la imagen sintiendo como un escalofrió recorre todo su cuerpo, ¡es algo inexplicable! agarra una taza de café se la lleva a la boca y absorbe  un trago.  ¡Tonterías! –Piensa-, es el cansancio.

Decide descansar un poco, y entre la transición del sueño y la realidad, alcanza a escuchar nuevamente como si alguien se duchara cerca de la catarata. Su inconsciente no permite  que reaccione, la risa femenina se hace escuchar moviendo la tienda de acampar, Walter deja su camino al sueño y toma consciencia; la tienda se vuelve a mover, sale atolondrado para ver qué sucede, ¡basta niño! –grita-.

La risa y el jolgorio desaparecen, los sonidos de la naturaleza parecen normales; la brisa del río  golpea en su rostro, respira profundo, entra a la tienda acostándose.

Irritado por no poder dormir, se mantiene con los ojos abiertos… Ante la quietud del bosque a media noche.

Aún no sale del asombro de lo vivido cuando ¡de repente! la tienda de acampar se sacude violentamente, la risa femenina se escucha con mucha fuerza fuera de la misma; exaltado, Walter vuelve a salir maldiciendo al que le estuviera jugando una broma. Pero su linterna no captaba nada.

Alterado, entra de nuevo a la tienda, toma su cámara y se alista por si vuelven a sacudir la tienda, está dispuesto a salir y atrapar al que lo hace. Entre el sonido de la naturaleza… escucha que alguien sale del agua y casi de inmediato la risa femenina nuevamente, está dispuesto a salir al mínimo movimiento, y retratar lo que ahí esté; ¡está preparado! Una luz azul fluorescente se enciende fuera, su resplandor traspasa la tienda, Walter no comprende lo que sucede, se queda inmóvil por un momento, el pánico se apodera de él, la risa femenina se escucha más clara y fuerte; atemorizado Walter decide salir, observa que la luz proviene del río, de la catarata para ser mas exacto, vacila la vista a su alrededor, pero no ve nada más que los árboles.

-¡Walter Quédate! ¡No te vayas! –Susurra la voz de una mujer-.

Walter, muy asustado dirige su vista a la luz, observa que sobre la roca justo donde la caída de agua se parte en dos, yace un ser con silueta de mujer que lo observa con detenimiento.

En lo que su razón busca  una explicación lógica a tal visión.

-¡No te vayas!-, vuelve a susurrar aquel ser. Seguido de esto se  para y salta desde la roca hacia la poza profunda. Walter se queda perplejo, su mente vaga buscando respuestas.

 -No puede ser –piensa-.

-¿Acaso lo que acabo de ver es parte de mi soledad o de mi locura? -Se pregunta-.

Al cabo de unos instantes aquel ser aparece nuevamente por debajo del agua, lo ve con mirada fija y penetrante. Walter sabe que algo no está bien y que está propenso a un ataque.  El ser con silueta de mujer avanza sobre el río, flota sobre él;  el fotógrafo está totalmente inmóvil, no mueve un músculo, su vista se nubla, y escucha como poco a poco los árboles se agitan junto a un coro de voces fantasmales que envuelve el lugar:

¡Oh ser extraño, que visitas estas tierras, la valentía te ha abandonado; reina del agua que brilla, juega con él!

El coro se hace cada vez más fuerte, los árboles se agitan más; el viento sopla con mucha fuerza y el corazón del fotógrafo parece estallar. En un lapso de lucidez Walter se pregunta: ¿Qué rayos es esto? ¿De dónde proviene su apariencia? ¿Qué son esas voces? El ser sigue avanzando hasta donde está él, en un abrir y cerrar de ojos y a escasos dos metros de él, se encuentra esa silueta esotérica observándolo fijamente. Sus ojos negros parecen emular la noche, su cabello era rizado y rubio, sus manos estaban adornadas con grandes garras, capaces de desgarrar la piel humana, y entre sus dedos una especia de membranas. En su cuerpo desnudo una piel escamosa tornasol reactiva ante la luz azul fluorescente que emanaba desde la catarata. En sus costados parecía tener branquias como la de los peces. Era un ser extraño. Walter no lo piensa dos veces, toma su cámara y se decide a fotografiar a aquel ser. Antes de oprimir el botón de la cámara, la criatura le sonríe, saca su enorme lengua y lame el rostro de Walter, él reacciona de manera nauseabunda.

-No tengas miedo Walter,  -dice dulcemente aquel ser-.

Walter sale del asombro al que ha sido sometido.

-¿Cómo? ¿Cómo es posible? –Grita-, maldita criatura, ¿Qué eres? ¿Por qué tienes la voz idéntica a la de mi esposa? Cae de rodillas, tapa con sus manos sus oídos, comienza a llorar, repitiendo una y otra vez: ¡ella esta muerta!

 –No me confundas Walter, no soy quien crees -dice aquel ser-; tengo la capacidad de reproducir los sonidos que las personas solitarias y tristes como tú, quieren escuchar en este bosque. Sé todo lo que te ha ocurrido. Todo el oxígeno que respiras llega hacia mí, cargado de tus recuerdos, pensamientos y temores.  Has sido un ser muy desdichado, por eso te doy la oportunidad de quedarte aquí conmigo, yo te cuidaré, así como cuido a todos estos, que serán tus hermanos.

Walter dirige su vista hacia el río, su asombro es más grande cuando ve en la orilla a varios hombres y mujeres con las manos extendidas dándole la bienvenida. Visten túnicas blancas,  sus cabellos son de color plata y en sus ojos muestran tranquilidad y esperanza. Walter cierra los ojos, y se echa a llorar a la orilla del río.

-Vamos Walter solo tienes que entrar en el agua, no sufrirás te lo prometo; mañana vendré por ti y todos seremos uno. –susurra aquel ser-.

Walter levanta la vista y ve como las personas de túnicas blancas vuelven al agua, retroceden sin quitarle la vista de encima hasta que desaparecen. Al mismo tiempo la criatura da la vuelta y se dirige al río, antes de desaparecer, ve al fotógrafo sonriendo. ¡Mañana! le dice y desaparece. Walter cierra los ojos y vuelve a llorar.

La mañana ha llegado, el día no parece prometedor para ver la luz del sol, los nubarrones oscuros anuncian la llegada de una fuerte lluvia, los árboles bailan al paso del viento, las aguas del río se agitan sin perder su color y claridad.

Walter aún confundido se levanta, su vista se dirige al río, sin embargo no ve nada fuera de lo normal, él trata de buscar una explicación a lo sucedido la noche anterior

-¡Lo ves! no estaba mintiendo ni son cosas mías las advertencias, abandona todo, vete.    -Se escucha la voz del niño-.

Walter lo ve sin decir una sola palabra, su rostro desencajado lo dice todo.

–Vámonos Walter –insiste el pequeño-.

–No puedo, nunca he abandonado una misión de trabajo –responde el fotógrafo con voz temblorosa-.

–Pues si no lo haces no tendrás misiones  nunca más –advierte el niño-.

– ¿Qué ocurrió  anoche? –Pregunta confundido el fotógrafo-.

– El espíritu del río se manifestó –responde el niño-.

– ¿Cómo lo sabes? –Cuestiona el fotógrafo-.

–Lo sé, porque yo formo parte de este bosque y si no te vas también lo harás –responde el niño-.

– No entiendo, tú ni siquiera estabas aquí

–Insiste el fotógrafo-.

-Yo siempre he estado a tu lado, acompañándote, junto a tu soledad, pero la mayoría de veces no me ves –explica el niño-.

Aún sin una explicación lógica Walter el fotógrafo, trata de evadir el suceso anterior.

–Esa criatura es irreal, no puede existir, es absurdo, ¿Cómo un fenómeno así no lo ha descubierto la ciencia?

–La ciencia tiene sus limitaciones, aunque no lo creas, los misterios de la naturaleza son inimaginables. ¿Acaso crees que un científico tenga respuesta concreta para lo sucedido anoche? Es más apuesto a que ni se atrevería a investigar, por el temor a ser tratado como un loco –responde el niño-.

– ¡No lo sé! me cuesta creerlo –dice el fotógrafo-.

Es temprano por la mañana y la temperatura desciende, los truenos se hacen más constantes, el caudal del río sube por la lluvia que seguramente cae fuerte lado arriba. Empieza a caer las primeras gotas de lluvia.

-Toma una decisión cuanto antes, salva tu vida y empieza de nuevo o quédate aquí atrapado con los caminantes del bosque negro –dice, el niño-.

– ¿Quiénes son los caminantes del bosque negro?

–Los caminantes del bosque negro son todas aquellas almas que han quedado atrapadas dentro de este bosque, desde los comienzos del hombre, las que visten túnicas blancas. La criatura las ha seducido y ahogado en el río, lo mismo planea hacer contigo.

– ¿Quieres decir que a todas las ha matado la criatura?

– Exacto, el espíritu del río finge protegerlos, ellos pueden andar libres por el inmenso bosque, sin embargo no pueden traspasar sus fronteras.

– ¿Por qué no?

–No lo sé, pero no la pueden traspasar. Sus almas aquí vagaran  por la eternidad.

– ¿Y sus cuerpos, donde están?

–Ven, acompáñame a la orilla del río, te enseñaré algo.

Los dos caminan sobre la orilla, el niño le pide que observe lo que hay en el fondo del agua. Walter conmovido se tapa la boca, tiene náusea, vomita. En el fondo del agua observa decenas de cadáveres ahogados, sus cuerpos parecen intactos, como si estuvieran durmiendo, el  cabello y la ropa  de todos bailan al ritmo de la corriente, algunos tienen semblante de tranquilidad.

– ¿Ellos son los que salen de noche?           -Pregunta el fotógrafo-.

– SÍ, aunque sus almas vagan durante el día y la noche –responde el niño-.

Durante un breve tiempo Walter sigue observando los cadáveres en el fondo del río, sabe que tiene que abandonar aquel lugar lo más pronto posible.

– Está decidido, nos vamos ahora –le dice al niño-.

Walter muy nervioso por lo vivido se apresura a levantar su tienda, recoge su cámara y algunas prendas que llevaba consigo. De manera apresurada toma al niño del brazo y le indica que hay salir de allí, mientras que por su espalda recorría un escalofrío que erizaba su piel.

Al instante en que ambos empiezan a caminar, se escucha un lamento desgarrador, Walter siente como sus extremidades inferiores se paralizan.

-No, Walter no te vayas; se escucha a espalda de ambos.  

-No voltees -le dice el niño a Walter-, es el espíritu del río el que te llama. Quiere que te unas a ellos.

–Pensé que solo de noche aparecían              -exclama Walter-.

– Ya te lo explique, lo que tú escuchas ahorita son las almas de los ahogados, ellos vagan durante el día.

– ¿Y qué hay del extraño ser?

– Por ella no te preocupes, no la podrás ver y mucho menos podrá tocarte; se hará escuchar por todo el bosque y tratará de persuadirte, pero no prestes atención.

Walter y el niño continúan con la marcha, por alguna extraña razón al fotógrafo le parece una caminata más larga y pesada de lo que recordaba. El transitar se hacía cada vez más difícil, el fango y la humedad lo hacían muy resbaladizo, Walter había caído un par de veces. En cambio el niño no mostraba ningún ápice de agitación, parecía que en lugar de caminar flotaba sobre el sendero. Walter únicamente lo observa optando por no preguntar.

La huida ha sido agotadora, Walter continúa escuchando por todas partes el lamento de las almas.

– No las escuches Walter  – dice el niño-. Ya pronto saldremos de aquí.

En el trascurso del camino y después de algún tiempo, la lluvia aminora, Walter está cansado, pero el miedo a seguir en el bosque hace que no se detenga por ningún motivo, parece que ha logrado dominar las voces fantasmales que se escuchan a lo largo y ancho del bosque negro. Walter ve que el niño sigue el ritmo, por alguna razón se siente seguro con el pequeño a su lado.

-Ya debemos estar cerca de la salida del bosque  -dice el niño-.

-Bien –contesta Walter-.

-¡Ya sé donde estamos! -exclama el niño-, estás a salvo.

Walter no puede ocultar su felicidad, levanta los brazos al cielo y deja sentir como la adrenalina baja por su cuerpo, dejando en él una sensación de bienestar y seguridad.

Ve un tronco sobre el suelo y se apresta a descansar un poco, invita al niño a sentarse al lado, éste sin decir una palabra acepta la invitación. Mientras el fotógrafo desata sus pesados zapatos, el niño le habla:

–Escucha Walter.

–Sí niño, dime.

–Sé feliz. Olvídate de todo lo que te ha sucedido, aprende a vivir nuevamente, lo que aquí sucedió quizá sea el inicio de una nueva vida. No dejes que los recuerdos te aten y te aprisionen.

Walter, desconcertado por las palabras del pequeño, lo observa y sonríe tímidamente.

–No te preocupes pequeño, tú tambén serás feliz, encontraremos a tus padres –dice el fotógrafo-

– Será difícil encontrarlos. No te preocupes.

–Bien, entonces te quedarás conmigo el tiempo que sea necesario. Ahora vamos, salgamos ya no falta mucho.

Ambos se paran y caminan el poco tramo que les hace falta. Walter se impacienta, el coro fantasmal no cesa, siente que su cuerpo no puede más. De pronto ven un claro en el bosque, es la salida.

– Llegamos. –Exclama un sonriente Walter-.

–No. Tú llegaste.  –Contesta el pequeño-.

–Vive Walter –susurran a su oído-. Vive. A él se le eriza la piel.

Walter mira hacia atrás, y se detiene al  ver que el niño ya no lo acompaña. Con cierto desespero lo llama a gritos, pero su voz solo hace eco en el bosque, durante algunos segundos espera impaciente a verlo, sin embargo no haya respuesta a su clamor. Walter decide abandonar el lugar y la esperanza de ver al niño. Una gran tristeza lo hace llorar, invadiéndolo y acompañándolo en los últimos metros hacia la salida, una intensa calma es testigo de su andar por el sendero que lo llevaría a la cabaña donde inició su viaje.Ha salido del bosque, el crepúsculo está por desaparecer, el administrador sale de la cabaña para atenderlo.

–Rápido ahí dentro ha quedado un niño, está solo, por favor llame al guardabosques o a las autoridades. –Exclama un agotado Walter-.

-Está bien, no se preocupe. Venga conmigo, usted necesita atención. –Dice amable el administrador-.

– Yo estaré bien; cosas muy extrañas suceden en ese bosque; por favor ayude a ese niño.

– Señor cálmese, no se preocupe por el niño, va estar bien; no es la primera vez que se queda en el bosque.

– ¿Usted sabe quién es? –Interroga Walter-.

– No precisamente, pero usted no es la única persona que lo ha visto.

– ¿Está seguro?

– Completamente. Además este bosque no tiene guardabosques, no los necesita.

– ¿Cómo dice?

-No necesita guardabosques, él se cuida solo, no se angustie.

Walter está muy confundido con las palabras del Administrador, no logra asimilar lo que este le ha dicho. Mil preguntas sin respuesta revolotean por su mente.

Al cabo de un tiempo Walter se siente mejor como para marcharse de aquel lugar.

– Me siento mejor, me iré y espero no volver nunca, estuve a punto de morir ahí dentro, si no fuera por el niño quizá ya lo estaría.

–Bien -dice el administrador-, mi consejo es que salga y se aleje de este lugar lo más pronto posible, ya es de noche regrese por donde vino, siga recto, no cruce a ningún lado. Mucho menos a un pueblo llamado Nortt Blackwood.

– Gracias por el consejo y su ayuda                –responde el fotógrafo-.

Walter  sube a su auto con más dudas que respuestas y con el deseo de estar en su hogar.

-Una cosa más, -interrumpe el administrador-. ¿Cómo se llama el niño del bosque?

– Su nombre es Walter.

– ¿Y el suyo? –Insiste el administrador-.

–Walter, como él.

El administrador sonríe y se despide deseándole buen viaje.

Walter reflexiona por algunos segundos sobre la coincidencia de los nombres, recuerda la última frase que le dijo el niño. ¡Vive Walter!

Cuando recuerda: que jamás le dijo su nombre.

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